Allá por el año 1999, un amigo de mi padre, llamémosle Sr. Q, fue a ver la película (póstuma) del maestro Stanley Kubrick, 'Eyes Wide Shut'. ¿Recuerdan aquella fantasía schnitzleriana con tintes gótico/románticos y neo-misticismo orgiástico?. Pues bien. El final de esta tropelía acababa con el personaje de Nicole Kidman hablando con Tom Cruise y pronunciando esta frase. Atentos:
Toma castaña, Kubrick. Sí, señor. A partir de aquí, el Sr. Q elucubró una serie de teorías a cada cual mas freudiana que la anterior haciendo apología del erotismo pop, el sexo en lugares públicos o la fornicación como éxtasis de la vida.
Años mas tarde, varios divulgadores y críticos de cine vieron en Kubrick la efigie de un pervertido que le encantaba el sexo, o consideraba el sexo como 'la única cosa por la que vale la pena vivir'. Aquella imagen de genio indiscutible o misántropo ausente se había desfragmentado en la de un señor con gabardina que deambulaba por los callejones de la perversión.
Kubrick, sin embargo, falleció mientras estaba montando su opera magna, y ademas era un hombre difícil de entablar una conversación razonable; pero estoy seguro de que mucha gente interesada vió en ese final un discurso igualable al del cómico Xavi Castillo en una de sus obras teatrales, 'Canvi Climàtic Circus' donde proclamaba: 'Folleu, folleu que el món s'acaba' (Follad, follad que el mundo se acaba).
En realidad, aunque en el trailer de la cinta se anunciaba una sustanciosa tonelada de imágenes lúbricas y de carácter pernicioso, la película no contiene imágenes de gente practicando sexo ni similares. Quisieron trufa esta película como 'la peor película de Kubrik' y la calificaron de X en diversos países, aunque hay que reconocer que Kubrick fue un incitador de masas, véase las atroces fantasías markchapmanescas de jóvenes ingleses de la década de los 70 tras varios visionados enfermizos de otra polémica obra, 'La naranja mecánica'.
Eyes Wide Shut estuvo incluso vetada en la India, por incluir frases de las Sagradas Escrituras en la escena de los rituales.
También hubo infundados rumores sobre las escenas en las que unos Cruise & Kidman emporrados relatan los pros y los contras del otro. La prensa llegó a decir que Stanley Kubrick, ese viejo zorro del amor, les había enseñado a como fornicar.
El matrimonio denunció a los periódicos por dichas infamias.
También se divulgó el rumor de que Cruise & Kubrick tuvieron que ir a 'clubs de carretera' para sociabilizarse con la clientela y con los propietarios del local. Fake also.
La mirada perversa del genio
Posiblemente, Schnitzler no hubiese visto con buenos ojos ese final, pero Kubrick siempre tuvo en mente la apoteosis y la provocación para incitar a que diversos entendidos tuviesen a bien refregarse los ojos de incredulidad. Y aquí, lo consiguió.
Al alejarse del tema central de la novela, Kubrick nos lleva a su mundo interior, aunque ese mundo interior se pueda resumir en una canción de Georgie Dann, el final de 'Reencuentro' o un sketch de Benny Hill.
Varios analistas concluyen en que el final sería una equivalencia a sí Schnitzler hubiese escrito la novela en nuestra era. El final mas libérrimo de la historia del cine, sí señor. Un final sin ataduras, sin preocupaciones, sin roces, a tomar por el culo la estructura narrativa y todo el contenido anterior. A la mierda las mascaras.
Hay que follar, hay que follar mas, follar es bueno, es sano, es la única forma de comunicación (clímax) con la divinidad. Y, después de esta reflexión mas propia de 'Saber Vivir' que de un blog, me despido.
Fidellio, maestro.
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