Para concentrarnos en uno solo, hablaremos de uno de los mas exquisitos genios del arte, padre del surrealismo, admirador del fetichísimo chocolate 'Lanvin' e invitado ocasional del programa 'What's My Line?', Salvador Dalí.
'Dalí, haciendo gala de su esperpentico sense of humour'
Es vox populi que Dalí siempre tuvo una tormentosa relación con su padre. Siempre hubo un tira y afloja paterno/filial incluso antes de nacer, ya que al nacer su hermano (después fallecido), le quisieron poner de nombre Salvador. Meses después de su muerte (provocada por un 'catarro gastroenterítico infeccioso'), nació Dalí, al que bautizaron con el nombre de su difunto hermano Salvador, ya que según él: 'Eramos como dos gotas agua'.
Otro death row paterno/filial se avistó cuando su padre se negó en redondo a contemplar como su hijo (una bohemia antítesis de él) se ganaba la vida pintado cuadros. Su ilusión siempre fue que su hijo fuese abogado o notario.
Años después, Dalí reconoció que le encantaba ver como su padre echaba humo por las orejas. Con un sinfín de tropelías y avanzadillas escolares que no vienen a ciento, Dalí fue expulsado de varios colegios cuando aún era un infante, y mas tarde de la Academia de Arte por ponerse 'farruco' y afirmar que: 'Nadie en esa Academia estaba preparado para examinarme'.
Su padre siempre había sido educado en las altas esferas del costumbrismo de finales del siglo XVIII, y no podía consentir que su hijo se desmembrara de tal forma. Empezaron las discusiones y los insultos, y en uno de los muchos actos de rebeldía daliniano, éste le envió una carta a su padre en la que se leía: 'Ya no te debo nada', mas abajo había un lamparón de semén estampado en el papel. Dalí había hecho un acto surrealista en toda regla y a la vez parricida y macarra).
Dalí le envió a su padre (como muestra de feedback y, a la vez de gratitud) el único elemento que había puesto en este mundo para engendrarle, el semenote que eyaculó aquella noche para traer un genio al mundo.
La masturbación y Dalí siempre han ido unidos de la mano. Solo hay que ver la efigie de su obra 'El gran amsturbador' para darse cuenta de que Dalí era un a-dali-d de menearse el capullo.
En el cuadro hay muchas de las obsesiones del pintor Dalí, como por ejemplo el saltamontes (un trauma ortóptero de su niñez), la metamorfosis de su musa/esposa Gala; convertida en roca, el león como el afrodisíaco animal/natural del desenfreno y el apetito sexuarl, la masturbación oral (también llamada o mal llamada 'mamada') en la cabeza de la mujer apoyada en los genitales (¿dalinianos?) masculinos, etc. En conjunto, un collage de pasiones y resquemores que tienen como contrapunto el desazón y la 'salvajanería' que exhibía Dalíen sus primeros años como promotor del surrealismo.
Muchos de sus colegas, amigos y compañeros de profesión aseguraban que Dalí se masturbaba en su estudio. Al igual que Picasso, su atracción onanista a pelársela le viene por su pasado y por sus experiencias con Gala.
Una noche, en 1929 Dalí se masturbó en un cine ante las provocaciones minimalistas y apaciguadas de su amada. Podría decirse que esa fue la inspiración para que su pintura 'El gran masturbador' viese la luz. Además el rostro inclinado que se observa (con la nariz apoyada en el suelo) podría ser el de Dalí en su fase ameba-tron.
'El fetichismo fou'
Su fetichismo no conocía fronteras. Se rumoreó acerca de su homosexualidad, de su impotencia sexual e incluso se especuló sobre una terrible adicción coprófaga.
Una de sus mas polémicas declaraciones fue:
'Les juro que no soy coprófago.Me horroriza tanto como a usted este género de aberración. Pero considero los géneros escatológicos como géneros de choque, lo mismo que la sangre o la fobia contra los saltamontes.'
No consideraba los excrementos como algo que había que reivindicar o explotar, sino solo promocionar o utilizar como método terapéutico contra cualquier fobia o desorden mental. Al igual que con la sangre o su fobia, Dalí sentía atracción hacia los excrementos, una atracción palpable, diplomática y de investigación concienzuda hacia ellos.
Muchas veces fue vetado o censurada respecto a diversos elementos de los hacía gala en sus obras. Sangre, heces, vómitos...eran los tres pilares tabú que condicionaron al genio que suavizara las dosis si era necesario, o que prácticamente no hiciese burbujear las tripas a la flor y nata de la burgesía artística.
De todas formas, consideremos a Dalí como un humano mas de esa masa enloquecido y trastorner que danza y baila al son de 'Bela Lugosi's Dead'. No hay que menospreciarle, ni tacharlo de repugnante o desmerecerle su título de 'genio'. Dalí, al igual que otros autores, sufren su propio desorden que deben apaciguar creando, al igual que Fernando Sánchez-Dragó, Charles Manson o Suehiro Maruo. Dejemos que transiten por la vía de la locura y de la degeneración para desembocar en el mar del desequilibrio pictórico/vaginal.
En resumen, es el precio que uno a de pagar por dedicarse a este gremio controlado por la oreja de Van Gogh amputada.
Una de sus mas polémicas declaraciones fue:
'Les juro que no soy coprófago.Me horroriza tanto como a usted este género de aberración. Pero considero los géneros escatológicos como géneros de choque, lo mismo que la sangre o la fobia contra los saltamontes.'
No consideraba los excrementos como algo que había que reivindicar o explotar, sino solo promocionar o utilizar como método terapéutico contra cualquier fobia o desorden mental. Al igual que con la sangre o su fobia, Dalí sentía atracción hacia los excrementos, una atracción palpable, diplomática y de investigación concienzuda hacia ellos.
'Mit dir, Mein Führer'
(Hitler masturbándose, 1972)De todas formas, consideremos a Dalí como un humano mas de esa masa enloquecido y trastorner que danza y baila al son de 'Bela Lugosi's Dead'. No hay que menospreciarle, ni tacharlo de repugnante o desmerecerle su título de 'genio'. Dalí, al igual que otros autores, sufren su propio desorden que deben apaciguar creando, al igual que Fernando Sánchez-Dragó, Charles Manson o Suehiro Maruo. Dejemos que transiten por la vía de la locura y de la degeneración para desembocar en el mar del desequilibrio pictórico/vaginal.
En resumen, es el precio que uno a de pagar por dedicarse a este gremio controlado por la oreja de Van Gogh amputada.



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